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Clan Puccio: la familia que horrorizó a todos

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 25 oct 2024
  • 7 Min. de lectura

Redacción: Catalina Miguel

Edición: Lic. Verónica Riedel


En el barrio de San Isidro residía Arquímedes Puccio con su familia, un ex agente del servicio de inteligencia argentino, que había sido despedido de su trabajo a principios de la década de 1980. Quedando en situación de desempleo y desesperado por mantener su estilo de vida que llevaba con su familia, ideó un plan espeluznante que consistía en secuestrar empresarios y a sus familiares y a cambio pedía una gran suma de dinero para su rescate.


La familia Puccio estaba compuesta por el padre Arquimedes Puccio, la madre Epifanía Calvo y cinco hijos, tres hijos y dos hijas, Alejandro, Silvia, Daniel, Guillermo y Adriana Puccio vivían en una gran casa en San Isidro, un barrio adinerado de Buenos Aires. También, se sospecha que Arquimedes estuvo involucrado en desapariciones forzadas durante el terrorismo de Estado en Argentina en las décadas de 1970 y 1980.



Arquímedes era dueño de la tradicional rotisería Los Naranjos, justo debajo de su casa familiar, donde los chicos del Club Atlético San Isidro, amigos de Alejandro, se dirigían después de los partidos para comer, y así estirar el tercer tiempo que había empezado en el club.


Epifanía era una mujer amable, callada. Le gustaba llevar una vida social relacionada con el barrio, el club y las madres de los colegios. Era profesora de Contabilidad y Matemáticas en la Escuela de Enseñanza Media y Técnica Nº 1 de Martínez y del María Auxiliadora. Se casó con Arquímedes en 1957. Vivía obsesionada por las dietas, aunque nadie lo sabía.


Alejandro el mayor y más popular de los hijos, era un famoso wing tres cuartos del CASI (Club Atlético San Isidro) y ex integrante de Los Pumas.


Silvia, Daniel, Guillermo y la menor Adriana, también llevaban una vida tradicional, hacían cerámica, realizaban viajes, deportes.


Arquímedes buscó víctimas ya sabiendo que sus familias estarían dispuestas a pagar cualquier cantidad por el rescate. Alejandro conocía mucha gente de clase alta debido a su carrera cómo jugador de rugby, lo que se convirtió en la pieza fundamental para el plan. Él accedió a usar sus relaciones para socializar con posibles víctimas para  facilitar los secuestros.


Lo que hace que la historia de los Puccio sea aún más escalofriante es la complicidad de la familia. Epifanía Calvo, la madre, y sus hijos Silvia, Daniel, Guillermo y Adriana, se enteraron de los crímenes de su esposo y hermano, pero decidieron callar y continuar con sus vidas. Se convirtieron en cómplices del esquema criminal, ocultando la verdad y manteniendo su vida con normalidad.


Cómo inició el terror


La primer víctima fue Ricardo Manoukian, el 22 de julio de 1982. Un joven de 23 años que consideraba a Alejandro Puccio un amigo, fue secuestrado mientras conducía su auto. 

La familia Manoukian, propietaria de los supermercados Tanti, recibió una llamada esa misma tarde: si querían volver a ver a Ricardo, tendrían que pagar 500 mil dólares. Aunque pagaron el rescate, nunca volvieron a ver a Ricardo. Su cuerpo fue encontrado el 30 de julio cerca de un río, ejecutado con tres disparos en la cabeza.

El ingeniero Eduardo Aulet fue secuestrado el 5 de mayo de 1983. Aunque su familia pagó $150.000 por su rescate, los Puccio lo mataron. Su cuerpo fue encontrado cuatro años después. Emilio Naum fue secuestrado en junio de 1984 e intentó resistir el secuestro. Le dispararon allí mismo y su cuerpo quedó en la calle. Nélida Bollini de Prado, la última víctima de la familia y la única que pudo sobrevivir, fue secuestrada y retenida durante casi un mes. Fue encontrada y liberada en una redada policial en la casa de Puccio el 23 de agosto de 1985. 


La policía detuvo a los secuestradores cuando intentaban recuperar el rescate; Alejandro y su novia Mónica también fueron detenidos durante el allanamiento a la casa de los Puccio. La tradicional casa de San Isidro, se había convertido en un horroroso lugar dónde secuestraban, torturaban y hasta mataban personas inocentes, usando un sótano y la bañera del primer piso para mantenerlos en cautiverio.



La caída del Clan


El 23 de agosto de 1985, Arquímedes y Daniel Puccio fueron detenidos por cuarenta efectivos de la División de Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal  al cobrar el rescate de Nélida Bollini de Prado en una estación de servicio ubicada cerca de la cancha de Huracán, donde estaban llamando por teléfono a los hijos de la víctima para pedir el último rescate; $250 mil por la vida de su madre.


Por la noche, doce patrulleros allanaron la casa de la familia en Martín y Omar 544, rodeando la manzana del barrio con sirenas. Allí, rescataron a Bollini de Prado y arrestaron a Alejandro junto con su novia Mónica.

La justicia argentina acusó a toda la familia Puccio, excepto a Adriana, la hija menor, de complicidad en secuestro y asesinato. Arquímedes, Epifanía, Alejandro, Silvia y Daniel fueron condenados. Sin embargo, solo dos de los miembros del clan cumplieron una pena de prisión.

Epifanía fue liberada al poco tiempo por falta de pruebas que demostraran su participación en los crímenes. Silvia, por su parte, colaboró con las autoridades para mantener su inocencia. Daniel escapó de Argentina y nunca volvió. Alejandro, a pesar de sus intentos de suicidio para evitar la prisión, fue encarcelado hasta su muerte en 2008. Arquímedes, el padre líder, cumplió gran parte de su condena a prisión perpetua, pero obtuvo la libertad en 2008 y murió en 2013 en completo abandono.



La verdad sobre el Clan, se descubrió gracias a una serie de sucesos. 


En primer lugar, el secuestro y asesinato de Ricardo Manoukian llamaron la atención de las autoridades. Luego, el secuestro de Nélida Bollini de Prado, quien logró escapar y denunciar a sus captores, fue fundamental para la investigación. Finalmente, el arresto de Arquímedes y Daniel Puccio al cobrar el rescate de Bollini de Prado terminó por descubrir el oscuro secreto de la familia.


Vidas posteriores


La ubicación de Daniel, que cumplió sólo algunos años de prisión, se desconocía hasta el 17 de septiembre de 2019, cuando fue arrestado durante una inspección de rutina de un autobús de ruta de drogas en una ciudad en el estado de Sao Paulo, Brasil. Fue arrestado por portar documentos de identidad brasileños falsificados. 

Después de consultar con la Interpol se concluyó que no había órdenes de arresto pendientes contra Daniel. En su poder se encontraban US$5000 en efectivo que según él fue un regalo de su hermano.

A principios de la década de 1980, Guillermo se fue de Argentina y nunca más regresó. El plazo de prescripción de los delitos por los que era acusado expiró en 2013, por lo que nunca será juzgado. En 2007, Alejandro obtuvo la libertad condicional. Un año después, murió de neumonía a la edad de 49 años. En 2011, Silvia, la segunda hija mayor que enseñaba arte localmente, murió de cáncer. En 2013, Arquímedes murió de un derrame cerebral, aún proclamando su inocencia. A partir de 2015, Epifanía Calvo y Adriana (la hija menor) son dueñas de la casa en San Isidro donde se perpetraron los crímenes.

Actualmente, Epifanía vive en San Telmo, los vecinos comentan que la ven salir temprano de su casa, con dolencias en la cadera, pero sale a hacer las compras. Hasta el día de hoy, niega todas las actividades que hacía su marido y la justicia nunca pudo comprobarlo.


Norma, la vecina de los Puccio


Norma presenció la noche del allanamiento, era vecina del barrio y recordó para esta nota que "aquellos días de finales de los años 70, todo parecía normal en nuestro barrio. Era un lugar tranquilo, donde todos nos conocíamos. Pero, detrás de esas puertas cerradas, se gestaba una realidad que nadie podía imaginar. La llegada de la familia Puccio trajo un aire inquieto que llamaba la atención".


Manifestó que los rumores comenzaron a circular. "Comentarios por acá, por allá, miradas sospechosas, ya te ibas alejando o dejando de saludar, viste?". Y la verdad no tardó en salir a la luz. "Aquellos que vivían a nuestro alrededor, que parecían tan normales, estaban involucrados en algo inimaginable, nos horrorizó a todos”, recordó angustiada.


“Recuerdo la noche del allanamiento en la casa de los Puccio como si fuera ayer. Era una noche como cualquier otra. Alrededor de las 11 de la noche cuándo escuchamos el quilombo de autos, sirenas, gente. Las luces de las patrullas iluminaban la calle,nadie sabía qué pasaba. Salí de casa, cómo con intriga y preocupación. Lo que vi fue algo que me quedó: policías en la puerta, sus caras serias pero decididas, rodeando la casa. Desde donde estaba, podía ver que la situación no era normal. Los gritos y el sonido de las puertas siendo forzadas despertaron a todos", narró Norma.

 

Norma no podía creer lo que estaba viendo. "Los vecinos no paraban de salir a mirar, chusmear, hasta nos acercábamos para sacar conclusiones de qué pasaba. Cuando pudieron entrar a la casa, no solo estábamos viendo un allanamiento; estábamos siendo testigos de la caída de una algo muy siniestro, terrible, era la revelación de un horror que se había estado ocultando entre nosotros".


Hoy, al recordar esa noche, Norma siente que aunque quedó horrorizada, le dejó una lección, la importancia de la vigilancia, la vecindad, estar unidos. "A veces, los problemas están más cerca de lo que pensamos, y el silencio puede ser un cómplice peligroso”, reflexionó.


Obras


En la cultura popular, se realizaron  un par de obras, la película “El Clan” (2015), protagonizada por Guillermo Francella

cómo Arquímedes y la miniserie de Telefe “Historia de un Clan” (2015), protagonizada por Alejandro Awada cómo Arquímedes.


Analizando estas obras, según un estudio de la Universidad de Periodismo y Comunicación de La Plata, “El éxito de ambas versiones audiovisuales sobre el caso Puccio no constituye un fenómeno aislado, sino que puede relacionarse con dos tendencias contemporáneas en el consumo de películas y series: por un lado, el auge global de la biopic y los formatos ficcionales basados en hechos reales; por el otro, la importancia creciente de historias protagonizadas por criminales o personajes que encarnan el mal”.




También, hace alusión a que en la industria cultural, este revival del interés por el caso coincidió con un aniversario: en 2015 se cumplieron 30 años de la detención de esta familia.


Este caso no solo reveló la brutalidad del secuestro y la extorsión, sino que también puso de manifiesto las fallas en el sistema judicial y la vulnerabilidad de las víctimas ante la criminalidad organizada. Además, el impacto mediático del caso y su representación en la cultura popular han contribuido a una reflexión continua sobre la justicia, la impunidad y la moralidad en el contexto argentino. 


 
 
 

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