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Memoria activa a 31 años del atentado a la AMIA:“Justicia, justicia perseguirás”

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 12 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

Entrevista con Gabriel Morgens, joven argentino, perteneciente a la comunidad judía, que busca mantener viva la memoria desde la acción y la educación cívica. Una mirada sobre cómo construir conciencia colectiva, equilibrar seguridad y libertades, y transformar el recuerdo en compromiso social.


*Por Malena Robert, Aylen Villarreal Darwich y Anusch Barsamian

Edición Lic. María Verónica Riedel


Acto 31° aniversario del atentado a la AMIA
Acto 31° aniversario del atentado a la AMIA

A las 9.53 del 18 de julio de 1994, la Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA) se desintegró en una nube de polvo y humo. Ochenta y cinco vidas se apagaron en un instante; cientos quedaron marcadas para siempre, y una ciudad entera, atónita, trataba de comprender cómo un ataque contra una institución cívica había dejado una herida tan profunda en la sociedad argentina. Hoy, la memoria no solo es un eco del pasado; es un compromiso constante con la justicia, la verdad y la seguridad.

Tras los cochebomba, se colocaron postes de cemento frente a sitios clave de la comunidad judía como medida preventiva.       
Tras los cochebomba, se colocaron postes de cemento frente a sitios clave de la comunidad judía como medida preventiva.       

Al día siguiente, en Pasteur al 600 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las primeras horas estuvieron marcadas por la búsqueda frenética, el dolor indescriptible y, sobre todo, por las preguntas que aún hoy persisten. El atentado dejó una comunidad devastada y un vacío en la investigación que sigue, más de treinta años después, sin resolverse completamente. En medio de esa incertidumbre, se alzó la voz de las víctimas, quienes sostenían, y aún sostienen, que la memoria no puede ser un refugio para la apatía ni el olvido. 


"La memoria no se negocia", repite la agrupación Memoria Activa, una agrupación que se convirtió en la voz de denuncia ante lo que percibían como ocultamiento o lentitud institucional. Más que un lema, es una advertencia: no puede permitirse que el paso del tiempo ni la política transformen la memoria en algo decorativo. Sostenerla es un acto de resistencia y también de responsabilidad ciudadana. 


Gabriel Morgens, un joven argentino de 30 años, criado en una familia judía y practicante de la religión, aportó una mirada generacional sobre lo que significa recordar y mantener vivo este suceso. Su testimonio resume un sentimiento compartido por muchos: la necesidad de tomar las riendas, de convertir el recuerdo en acción. “Para mí, la memoria no es solo una conmemoración anual. No es suficiente recordar una vez al año, pararnos un minuto y decir ‘nunca más’. La memoria debe ser algo que se viva todos los días”, afirmó.


Desde su participación en el programa Birthright, que ofrece el regalo de un viaje grupal educativo de 10 días a Israel para adultos jóvenes judíos de entre 18 y 26 años, hasta su recorrido personal y profesional, su vínculo con la memoria del atentado fue creciendo y tomando forma. “Como judío, como joven judío. Es como que siempre me criaron con eso”, dijo con naturalidad. Para él, la identidad comunitaria no es un punto de llegada, sino un punto de partida para involucrarse activamente.


Reflexionó también sobre cómo se enseñan estos hechos en las escuelas, y cuánto falta para que se asuma como una historia que le pertenece a toda la sociedad. “Cuando te tienen muy presente como sociedad, el argentino normal es como... ‘No, no nos pasó a nosotros’. O sea, fue a un grupo chiquito. Y debería ser algo que te enseñan en cualquier colegio”, señaló. Y remarcó que, más allá de cualquier pertenencia religiosa o étnica, “toda la gente que estaba trabajando ahí, todos, los familiares... son argentinos”.


En Mar del Plata, observa Gabriel, una falta de espacios de participación para jóvenes de la colectividad. “Conozco muy pocos judíos de mi edad. Es como si no hubiera un grupo de pertenencia o una agrupación”. Por eso, considera que instituciones como la AMIA o SUIM (Sociedad Unión Israelita Marplatense) deben asumir un rol activo en generar espacios de encuentro. “Es crucial que instituciones como SUIM sean un puente que conecte a esos jóvenes con un futuro de inclusión, diversidad y respeto por los derechos humanos”.


Para él, sostener la memoria no es repetir fórmulas ni aferrarse a ceremonias formales. Implica participación, educación, compromiso. “La memoria de la AMIA tiene que ser un acto constante. No podemos permitir que se convierta en una narrativa estática que se politiza según el momento”.


También el rol de la ciudadanía y de los medios es visibilizar los hechos. “Qué mensaje se puede transmitir y de qué manera se puede ayudar también desde nuestro lado a que esto se visibilice más, que se entienda realmente qué pasó en el atentado”, sugiriendo que todavía hay mucho por contar, especialmente a las nuevas generaciones. “Despertar la curiosidad de todas las personas que no estaban tan interiorizadas” es, para él, una forma de mantener viva la memoria.


No elude, tampoco, el tema de la justicia. A más de tres décadas del atentado, la causa judicial sigue empantanada entre demoras, encubrimientos y responsabilidades políticas no asumidas. “La verdad es como que se anhela la justicia, pero no tengo las esperanzas tan perdidas. Por lo menos que algo se hable. Durante muchos años estuvo todo muy encajonado, muy apagado, muy frío”. Luego, con convicción, manifiesta: “Que las cosas sigan por su curso legal, que haya justicia, que los culpables sean condenados, que no vuelva a suceder, y que se entienda que esto está mal”.


En este punto, también hace foco en los discursos de seguridad que muchas veces se imponen tras hechos violentos; proteger a la comunidad no puede implicar el sacrificio de los derechos civiles. “La seguridad no puede ser el pretexto para anular nuestras libertades. La memoria exige transparencia y un compromiso real con la verdad (…) No debe ser una excusa para restringir libertades”.


Al final del diálogo, una frase condensa el espíritu de su participación: “No quiero que vuelva a suceder; quiero que la memoria sea una herramienta para construir un futuro en el que la justicia sea más que una palabra.” Y, como si cerrara el círculo de sentido, con un deseo simple, pero contundente: “Quiero que esto no vuelva a suceder y que la sociedad no mire para otro lado”.


Treinta y un años después del atentado, el reclamo no cambia. La memoria de la AMIA no es un ejercicio nostálgico, sino una exigencia ética. No puede convertirse en una formalidad, ni en un relato vacío. Debe seguir siendo un llamado urgente a la participación, a la verdad, a la justicia. Y en medio de ese reclamo, resuena una frase que vale por todas: “Toda vida importa”.


Recordar, en este contexto, no es volver al pasado. Es intervenir en el presente. Preguntar, denunciar, educar. Es exigir, una y otra vez, lo que aún no llegó, justicia.



Para no olvidar


Cada año, en el marco de los actos conmemorativos, se busca llegar a la sociedad argentina a través de referentes, intérpretes, personalidades y producciones que promueven la memoria colectiva y mantienen viva la reflexión sobre un hecho que marcó a todo el país.


Material audiovisual en memoria del atentado a la AMIA
Material audiovisual en memoria del atentado a la AMIA



En el marco del acto conmemorativo por los 30 años se hicieron presentes en el escenario Axel y Stefi Roitman. Además, La Nación presentó un documental sobre la historia de un grupo de adolescentes que formó parte de un heroico equipo de rescate en el atentado.


Y, a los 31 años del atentado a la AMIA, Flow y Telefe produjeron una serie ficcional buscando iluminar el hecho.

 
 
 

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