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Efedrina, muerte y poder: El triple crimen de General Rodríguez que marcó al país

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 8 nov 2025
  • 8 Min. de lectura

Diego Ferrón, hermano de una de las víctimas afirmó en una entrevista para esta nota: “El triple crimen pasó por las narices de todos, pero nadie vio nada”, y declaró que el triple crimen no fue investigado como se debía. A 17 años del asesinato de Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damian Ferrón, el crimen organizado sigue presente en la sociedad argentina.


* Por Abril González Franco,  Lucía de Poli y Guadalupe Sasiain

Edición: Lic. María Verónica Riedel


Lo que pareció revelar la red de narcotráfico más grande del país y el cambio de la percepción de la ciudadanía respecto a la transparencia del Estado, terminó finalmente en la constatación de lo intrínsecas que están las redes criminales en amplios aspectos de la sociedad argentina. El triple crimen de General Rodríguez irrumpió en la dinámica social que se daba en esos años, despertando la necesidad de los argentinos de saber qué ocurría entre el poder y el narcotráfico. 


El 7 de agosto de 2008 engañaron, secuestraron y ejecutaron a Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damian Ferrón. Los asesinos guardaron los cadáveres en un lugar frío para conservarlos en buen estado y finalmente el 13 de agosto plantaron los cuerpos en un zanjón de General Rodríguez. Ataron sus manos con precintos. A Bina le cortaron la oreja, le hundieron el cráneo 9 centímetros de un golpe en la cabeza, y le dieron cuatro disparos. Forza fue obligado a ingerir cocaína y luego lo asesinaron de siete disparos. A Ferrón lo asesinaron de 4 disparos mientras sus compañeros eran obligados a verlo, sabiendo que corrían la misma suerte. Un tribunal condenó a prisión perpetua a Martín y Cristian Lanatta, y a Victor y Marcelo Schillaci como partícipes necesarios. Pero el autor intelectual y los demás involucrados en el caso quedaron en las sombras.


El 17 de agosto de 2008, a tan solo tres días de encontrar los cuerpos de los jóvenes empresarios, Clarín publicó una nota Narcotráfico y asesinatos: los oscuros negocios de la efedrina en la que sostenía que “Detrás de los números se esconde el nuevo boom del narcotráfico: la cada vez mayor demanda de los consumidores norteamericanos de drogas de diseño (metanfetaminas y éxtasis) que se fabrican con efedrina como precursor químico (...) según los investigadores del triple crimen de General Rodríguez, sería la razón de los homicidios“. 


El negocio de la efedrina se basó en la derivación y comercialización ilícita de un fármaco que era utilizado de manera legal en Argentina. Eran partícipes países como China e India, que exportaban el medicamento a nuestro país, durante los años 2003 a 2008. Se calcula que en total se exportaron 40 toneladas de efedrina, una cifra que superaba ampliamente la demanda del medicamento en todo el país. El 80% de esa cantidad terminó siendo exportada, por droguerías y empresarios como Bina, Forza y Ferrón a cárteles en México donde se producían drogas sintéticas que luego eran distribuidas en gran medida a Estados Unidos. Esto provocaba 30 mil muertes por sobredosis año tras año en Estados Unidos.

Agustín Ceruse, periodista que escribió Operación crystal  junto a Diego Ferrón, hermano de una de las víctimas, afirmó en una entrevista para esta nota: “Entendiendo el rol de Argentina en la triangulación, entendimos la presión de Estados Unidos, a través de la DEA, a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner por cortarla”. Ya que Estados Unidos, mediante la DEA, utilizó la conmoción que provocó el triple crimen para que Argentina prohibiera la importación de efedrina, terminando así la relación entre Argentina, México y EEUU.


Los medios de comunicación en ese entonces fueron reiterativos en la vinculación del poder político, el narcotráfico y los asesinatos. Cristina Fernández de Kirchner fue uno de los nombres que los medios vincularon con el caso de narcotráfico. Constantemente fue acusada de tener vinculación con la ruta de la efedrina. 

 

Días después de que se diera a conocer el triple crimen, Ariel Vilan, socio de Sebastián Forza, cayó de un noveno piso. El medio Página12 cubrió esta noticia dando a conocer sus últimas palabras: “El hombre dejó una carta, cuyo contenido y autenticidad están siendo investigados por la Justicia, donde asegura sentir un “gran temor” a correr la misma suerte que su socio y los socios de aquél. Como en el caso de Forza, Vilan estaba siendo investigado por venta de medicamentos truchos. Al igual que su socio, dejó un tendal de 400 cheques rechazados en poco más de un año, por más de tres millones de pesos. Lo mismo que aquél, hizo un generoso aporte a la campaña de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: 160 mil pesos”.


Ceruse por su parte manifestó: ”El triple crimen de General Rodríguez dejó al descubierto que la mafia de los medicamentos y la ruta de la efedrina financiaron la campaña de Cristina Kirchner de 2007”. Aun así “la sociedad no castigó al kirchnerismo por su relación con el narcotráfico sino que, sin importarle eso, lo apoyó aún más por el contexto económico”.


Contrarrestando esta opinión, Alejandro Krewski, periodista que vive en la localidad de General Rodríguez, fue determinante al decir que “Los dirigentes políticos involucrados quedaron ‘incinerados políticamente’". 


Además agregó “el escándalo causado cuando el gobierno municipal supuestamente limpió el lugar donde se encontraron los cuerpos, lo que generó muchos inconvenientes. En las elecciones de 2009, el peronismo perdió en Rodríguez por un margen significativo, lo que se atribuyó a un mal gobierno municipal y no directamente al triple crimen”.


En 2012 se dio inicio al juicio, poniendo a Martín y Cristian Lanatta y Víctor y Marcelo Schillaci en la mira de este crimen. Al final de este mismo año todos fueron encontrados culpables por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de Mercedes.


Diego Ferrón, hermano de Damián, dialogó con la prensa frente a los tribunales de la ciudad bonaerense de Mercedes y argumentó: “no pueden haber cometido semejante hecho cinco personas nada más”. Dando a entender que aún quedan culpables sin condena.


En una primera versión, el acusado de ser el autor intelectual fue Ibar Pérez Corradi, quien estaba relacionado con el narcotráfico y mercado ilícito de la efedrina. Sin embargo, esta hipótesis se cayó años más tarde, en 2016 cuando la causa pasó al Juzgado Federal de María Servini. 


Tanto los medios de comunicación masivos como medios pequeños utilizaron la vinculación política con el crimen en sus notas. Un ejemplo es el medio U24, que en febrero de 2015 publicó la nota: Ojo Cristina con la Efedrina: Procesamiento firme al ex titular de la Sedronar: “(...)la triple muerte de Forza y sus dos amigos, y salpica a Cristina por sus fuentes de financiamiento de campaña.”


A fines de ese mismo año, tras el cambio de gobierno se dio a conocer la fuga de tres de los acusados: Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, aunque no duró más que 15 días, ya que fueron capturados nuevamente. 


Martín Lanatta entrevistado por Jorge Lanata en 2015 en el programa de televisión Periodismo para todos, acusó severamente a Aníbal Fernández como "autor intelectual del crimen, y lo identificó como ´La morsa´, narcotraficante quien mandó a matar miles de veces”. Se cree que su vinculación con la ruta de la efedrina y el narcotráfico le costó el mando de gobernador de la provincia de Buenos Aires. Agustín Ceruse difirió y reflexionó: “En mi opinión, tanto Daniel Scioli a nivel nacional y Fernández a nivel bonaerense no pudieron imponerse porque la sociedad necesitaba un respiro del kirchnerismo, ya sea por el fondo, por las formas, por el cambio de expectativas”.

 

En repetidas ocasiones Martín Lanatta dijo “yo no maté a nadie”, y declaró que tenían una mala condena. No obstante, expresó que ante el cambio de gobierno, Macri les abrió las puertas; fue el gobierno de Cristina Kirchner el cual los dejó tras las rejas.

 

Krewski, quien participa en el partido político Fuerza Patria, argumentó: “ Creo que lo de Aníbal Fernández, de entrada, todos creíamos que estaba relacionado y que era culpable, sobre todo porque algunos casos extraños tuvo en los ‘90. Era difícil pensar que no tenía que ver, más allá que quienes lo inculpaban ya abusaban de las operaciones contra el Frente para la Victoria. Pero al final no era la Morsa, y la desmentida de todos los que lo quemaron a Fernández se espera todavía. La operación logró su objetivo, aprovechar un mal candidato como era Aníbal Fernández para hacer perder al peronismo primero la Provincia y luego el balotaje”. 


Diego Ferron participó y presenció todas las instancias judiciales, describió el crimen, el posterior impactó en su confianza personal hacia las instituciones y la familia, y las consecuencias de formar parte de la investigación activamente: “Por el amor que le tenía a mi hermano, me puse la causa al hombro desde el día uno, estuve en todos los procesos judiciales, desde que la investigación la empezó la fiscal Yacobucci en la ciudad de Buenos Aires, luego el fiscal Bidone, en la Justicia de Mercedes, donde se realizó el juicio oral contra los hermanos Lanatta y los hermanos Schillaci en 2012, y, finalmente, la Justicia Federal desde 2016 hasta la fecha, con muchas cosas positivas y otras con dudas, por impericia, por incapacidad o, como se dice, por mirar para un costado. Mi vida cambió totalmente, nunca nadie lo comprenderá, sos otra persona, te cambia todo, te sentís culpable hasta de reír y eso nunca más cambia”.


En el libro “Operación Crystal” sostienen que la sociedad argentina "no es ignorante de las redes criminales, y que cuando este tipo de casos terminan con sangre y los medios deciden ponerlos en el foco de atención, lo único que se obtiene es la validación y la constatación de que el crimen organizado atraviesa el país, y de que los ciudadanos prescinden de ese hecho y debilitan la confianza pública.

   

Ferron manifestó que desde un principio  el triple crimen no se investigó como se debía “lo mejor fue cuando pasó a la Justicia Federal, pero ya había pasado muchos años, igualmente creo que hay lugares donde, por miedo o por complicidad, nadie quiere llegar (...) El triple crimen pasó por las narices de todos, pero nadie vio nada”.


Por su parte, Agustín Ceruse reflexionó “la Justicia no es incapaz, todo lo contrario, tiene los resortes necesarios para investigar este tipo de casos, pero está conformada por personas que tienen sus relaciones, sus padrinos políticos y judiciales y que, por eso mismo, responden a ciertos intereses de personas aún más poderosas”. En este contexto los medios de comunicación deben cumplir la función de informar sobre lo que sucede en el espacio público, ofrecer un pantallazo general de la situación, reportando las demandas sociales. 


Alejandro Krewski mencionó que la cobertura nacional fue inmediata, más rápida y profunda, pero también más inexacta, siguiendo al pie de la letra los datos de una investigación. Por otro lado, la cobertura local fue menor, más lenta y siguió en gran medida a los medios nacionales, añadiendo algunos datos y fotos de personajes conocidos, pero la falta de especialistas y temas judiciales que tenían los medios locales en ese momento generaban que no pudieran ahondar en profundidad. "Una investigación nacional muy ruidosa, muy rápida, muy llamativa, pero bastante inexacta. Y te diría con muchas fallas al no tratar de encontrar las contradicciones que había que ya se notaban a los poquitos días y que algunos periodistas y especialistas empezaron a dar cuenta con lo que en realidad estaba pasando".


Por su parte, Diego Ferron mencionó que  “la cobertura mediática le sacó su rédito y le sirvió una causa muy fuerte, a mí me ayudó mucho a que la causa siempre estuviera vigente aunque muchos hablan sin saber y dan su opinión”.


Finalmente Agustin Ceruse concluyó que la narrativa argentina se repite. “Hoy, muchos años después, entre el triple crimen de Brenda, Morena y Lara en Florencio Varela y el financiamiento del narco “Fred” Machado a la campaña de José Luis Espert en 2019, la narrativa se repite. Es más: la propia Cristina Kirchner ironizó sobre la situación de Espert habiendo recibido ella plata manchada con sangre para su campaña de 2007”. 


 
 
 

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