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EL CASO CÓPPOLA: LA ESTRUCTURA DE UN SHOW JUDICIAL

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 6 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

La explosión mediática de 1996 no solo reflejó un caso de corrupción policial, sino que sentó las bases de la “espectacularización de la intimidad” en Argentina. Los medios sustituyeron a la Justicia, priorizando el morbo sobre la información y condenando al manager de Maradona mucho antes de la sentencia.


Por Dana Sánchez, Rocio Aylen Franco, Matías Acosta y Sara Fiorencis

Edición: Lic. María Verónica Riedel


El caso Coppola irrumpió en los 90 con un arsenal de sensacionalismo, el protagonista de esto fue Guillermo Coppola, manager de Diego Maradona, cuando fue detenido por una supuesta tenencia de cocaína en un jarrón. Rápidamente la televisión, radio y diarios se enfocaron en el morbo, ligando el caso directamente a las drogas y a la figura internacional de Maradona.





Los titulares eran explosivos y la prensa, sin esperar pruebas firmes, lo dio por culpable mucho antes de cualquier veredicto judicial. La narrativa mediática construyó todo como si fuera una telenovela, la imagen de Guillermo Cóppola como un personaje oscuro, rodeado de excesos. Esta lógica de "caída y castigo" le aseguraba a los medios una alta audiencia, aunque invadiera y expusiera la vida privada del mismo Coppola, Maradona y la de otros involucrados. El caso, inicialmente serio, fue tomado como chisme de pueblo en cuanto mezcló elementos de farándula con la videopolítica, el poder judicial, y la popularidad de Coppola y Maradona que garantizaba un altísimo rating. 

La figura de Guillermo Coppola fue ensuciada con el único fin de ganar un poco de interés mediático, volviendo tras el veredicto final del caso, menos confiables los medios.

Revista Gente


"A todo ese grupo de gente nos faltaba un jugador. Me hago cargo de eso, pero yo sólo tenía 19 años y no tenía real dimensión de los millones de personas que me veían por la tele", menifestó tiempo después Samanta Farjat


El periodista y profesor, Martín Becerra señaló en una entrevista exclusiva para esta investigación que el caso ‘’es uno de  los más importantes del siglo pasado’’ en cuanto a la mediatización de un proceso judicial y fue contundente al señalar que la "casi presencia televisiva en cadena nacional" fue un factor que "interfiere, tergiversa, espectaculariza" ese proceso. Asimismo sostuvo que el Caso Coppola consolidó un modelo de cobertura judicial basado en la espectacularización de la intimidad, lo que simplifica y desnaturaliza el fondo de la causa. El rating, según Becerra, desplazó la obligación informativa tradicional hacia una lógica de entretenimiento, imprimiendo al caso una tramitación que no correspondía a una investigación judicial.


Esta interferencia fue más allá de la mera cobertura, por lo que Becerra explicó que la constante medición y el comportamiento de las audiencias durante la transmisión de los distintos aspectos, primarios o secundarios del caso, "influyeron en su tramitación". El interés de la audiencia, el rating, se convirtió en una fuerza motriz que determinó la forma y el contenido de la cobertura, imprimiéndole una dinámica que no correspondía a una investigación penal seria y  demostrando silenciosamente que la justicia se había convertido en un show. 


El caso Coppola funcionó también como trampolín mediático para aquellos que estuvieron implicados en el hecho. En un artículo del diario La Nación, se explicó que no solo el ex representante de Maradona estuvo bajo el foco mediático, sino que debido a la exposición de la causa, se les dio cámara a personas que luego se transformaron en figuras mediáticas de la televisión.


Ejemplo de ello es Samanta Farjat, que con tan solo 19 años, comenzó su carrera en la pantalla grande, y rápidamente, reorientarse a la radio y a una columna en una revista. En una entrevista brindada a La Nación, Farjat contó cómo vivió sus primeros pasos: "A todo ese grupo de gente nos faltaba un jugador. Me hago cargo de eso, pero yo sólo tenía 19 años y no tenía real dimensión de los millones de personas que me veían por la tele", indicó, ilustrando la falta de conciencia del impacto masivo que generaba el circo mediático.


Con el tiempo, se probó que la cocaína en el jarrón fue plantada por la policía bonaerense en connivencia con el entonces juez federal de Dolores a cargo de la causa, Hernán Bernasconi, y otros funcionarios judiciales, con el objetivo se extorsionar y sacar un beneficio económico personal. Por lo que el caso se pronunció como una causa fraguada, un reflejo de corrupción judicial y policial. Tras el descubrimiento de la verdad, los medios cambiaron totalmente su enfoque, pasando de demonizar a Coppola a llamarlo una "víctima del sistema" contradiciendo lo que ellos mismos afirmaron, sin retractarse por los daños causados. Este desenmascaramiento demostró cómo la agenda mediática había sido manipulada, ya sea por negligencia profesional, por la desmedida búsqueda del rating o por un alineamiento intencional con las fuerzas corruptas del Estado.


El caso Coppola no solo terminó con la condena e inhabilitación de funcionarios judiciales y policiales, sino que también sentó un precedente trascendental en la relación entre el derecho y los medios. Por lo que aceleró y normalizó el surgimiento de los "abogados mediáticos", profesionales que como analizó Becerra, "conocen y descuentan" que una parte esencial de la defensa de sus clientes se tramita en la televisión y en los medios de comunicación, entendiendo que el foro judicial y el foro público son interdependientes en la sociedad moderna.


Manuel Lopumo, alumno de derecho, explicó que incluso años después la figura de Natalia Denegri, una de las protagonistas mediáticas del caso, volvió a la arena judicial cuando solicitó la aplicación del llamado "derecho al olvido" argumentando que los contenidos del caso, reproducidos hoy en plataformas digitales, le causan "serios perjuicios" y que el contenido había perdido interés público.


La Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) rechazó su reclamo. La CSJN no reconoció un derecho particular frente al algoritmo de Google, dando primacía a la libertad de expresión. La Corte sostuvo que desindexar los vínculos asociados al Caso Coppola implicaría una "grave restricción a la circulación de información de interés público". Además, se subrayó la importancia de resguardar el acceso a la información en internet en el marco de una república democrática.


El fallo definitivo de la Corte de 2023 garantizó el derecho de la sociedad a elegir qué información consumir, aunque reconoció los efectos de los sistemas de inteligencia artificial en la construcción de la imagen pública de las personas y el Caso Coppola, en definitiva, se mantiene como un espejo que refleja la peligrosa e intrincada convivencia entre el espectáculo y la debilidad de las instituciones, siendo la prueba de que, a veces, el juicio de la televisión es más rápido y más dañino que el de la propia justicia.


 
 
 

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