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El crimen de los 90´que paralizó a un país: Lo que pasó detrás de la cobertura mediática del caso Barreda

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 10 nov 2025
  • 6 Min. de lectura

A más de treinta años, la masacre de La Plata sigue siendo un ejemplo de cómo los medios pueden transformar un crimen familiar en fenómeno público.


*Por Joaquín Uribe, Ian Sass, Octavio Bruno y Lenny Medina

Edición: Lic. María Verónica Riedel



El 15 de noviembre de 1992, la ciudad de La Plata fue escenario de una de las masacres familiares más estremecedoras de la historia argentina. En una casona ubicada en la calle 48, Ricardo Barreda, odontólogo de 56 años, asesinó a cuatro mujeres.


Las víctimas fueron la esposa Gladys McDonald, las hijas Cecilia (26) y Adriana (24), y la suegra Elena Arreche. Todas murieron a raíz de los disparos en distintas habitaciones de la casa. El arma utilizada fue una escopeta calibre 16 que él mismo guardaba en la vivienda. Luego de cometer los crímenes, Barreda abandonó el lugar, tiró el arma al río de la Plata y fabricó una coartada: afirmó haber sido víctima de un robo violento en su hogar.


La investigación policial pronto comenzó a desarmar su versión. Los peritos encontraron pruebas que lo comprometían directamente. Tras horas de interrogatorio, Barreda terminó confesando lo ocurrido. La masacre rápidamente ocupó la tapa de todos los diarios del país.


El motivo que señaló fue que aseguró sentirse humillado y maltratado por las mujeres de la casa. Esa explicación no buscó justificar, pero sí fue utilizada en el juicio y en los medios para entender el trasfondo.


Desde el mismo 15 de noviembre de 1992, los diarios comenzaron a informar sobre el crimen. Títulos impactantes y fotografías del lugar del crimen ocuparon las primeras planas.

Los noticieros televisivos cubrieron cada detalle: recorridos por la vivienda, declaraciones de familiares y testigos, y análisis de las posibles motivaciones del odontólogo. Los programas de TV y radio debatían el trasfondo familiar, la convivencia conflictiva y, en ocasiones, la salud mental de Barreda, mezclando información confirmada con especulaciones que aumentaban el interés público 



Esta cobertura constante convirtió al caso Barreda en un fenómeno mediático. La sociedad argentina seguía día a día las noticias sobre el juicio y el encarcelamiento del asesino, comentando en radios, televisión y diarios cada novedad. El crimen dejó de ser solo un hecho policial y se transformó en un tema de conversación pública, reflejando la forma en que los medios amplifican el morbo sobre hechos trágicos.


"Recuerdo perfectamente aquel año, tenía 30 años y todo el mundo hablaba del caso Barreda. Cada mañana los diarios traían fotos y titulares, y en la televisión repetían las noticias una y otra vez. En la familia comentábamos cada novedad. Era imposible no enterarse de nada, y todavía hoy me sorprende cómo un hecho tan terrible se volvió parte de la conversación diaria de todos", afirmó Marta, odontóloga platense que vive en Mar del Plata.


El caso de Ricardo Barreda no solo conmocionó por su brutalidad, sino que también reveló una faceta oscura de la sociedad argentina: la fascinación morbosa por el crimen. Con el tiempo, su figura ha sido reinterpretada en la cultura popular, especialmente en redes sociales, blogs y conversaciones cotidianas, donde se comparten memes, bromas y comentarios satíricos sobre su crimen y su rol como marido.


Según un artículo, algunos sectores masculinos llegaron a generar un supuesto culto alrededor del personaje, acompañándolo de oraciones satíricas y bromas que circulan en Internet. Esta apropiación ha sido criticada por su tono misógino y por trivializar un acto de violencia extrema, pero demuestra cómo el caso trascendió lo judicial y se convirtió en objeto de consumo cultural.

La figura de Ricardo Barreda fue resignificada en redes sociales y espacios digitales. A la izquierda, una representación irónica de Ricardo conocida como “San Barreda”, a la derecha, una imagen del propio Barreda con un cartel de “Ni una menos”, con tono de ironía.
La figura de Ricardo Barreda fue resignificada en redes sociales y espacios digitales. A la izquierda, una representación irónica de Ricardo conocida como “San Barreda”, a la derecha, una imagen del propio Barreda con un cartel de “Ni una menos”, con tono de ironía.

A nivel social, todavía hoy se escuchan chistes sobre Barreda en reuniones informales, programas de radio y redes sociales, reflejando cómo un crimen tan terrible permanece presente en la memoria colectiva de forma morbosa y humorística.


En tiempos recientes, figuras públicas como Gustavo Cordera han recurrido al caso Barreda para generar polémica y atención mediática. En una entrevista, Cordera se comparó directamente con Barreda, lo que reavivó el debate sobre la apropiación del caso en la cultura popular.


El debate ético aparece al analizar qué lugar ocuparon las víctimas en esa cobertura. Si bien sus nombres y sus historias aparecieron en los diarios, el foco se desplazó rápidamente hacia la figura de Ricardo Barreda. En ese proceso, el sufrimiento de Gladys, Adriana, Cecilia y Elena quedó relegado a un segundo plano, opacado por la fascinación mediática por el asesino.


La explicación de Barreda (que hablaba de sentirse humillado y maltratado por las mujeres de la casa) fue repetida y amplificada por la prensa, como si ese trasfondo pudiera ayudar a “comprender” el crimen. El riesgo de esa narrativa era evidente: se corría el peligro de justificar, aunque fuera indirectamente, un acto de violencia brutal, reforzando la idea de que existían “motivos” detrás de la masacre.


Cada audiencia judicial, cada pericia psicológica, cada testimonio se transformaba en noticia de tapa o en informe especial. Los noticieros repetían imágenes y declaraciones hasta el cansancio, alimentando un clima de morbo que poco aportaba a la comprensión profunda del problema de la violencia de género.


Aquí se abre un dilema central: ¿informaban los medios porque era un caso de interés público o porque sabían que generaba audiencia? En la práctica, ambas cosas se combinaron, pero la balanza se inclinó con frecuencia hacia la segunda opción. El periodismo, en lugar de ser un canal para visibilizar la violencia contra las mujeres, terminó por explotar comercialmente la tragedia.


Para comprender el impacto que tuvo la cobertura mediática en quienes conocieron de cerca a las víctimas, conversamos con Inés Creimer, amiga de Cecilia Barreda. Su testimonio permite recuperar la mirada de quienes perdieron a alguien querido en la masacre y que, muchas veces, sintieron que los medios pusieron el foco más en el femicida que en las mujeres asesinadas. Ines nos contó acerca de los comentarios de Ricardo que incomodaban a ellas, las amigas de Cecilia.


Cada tanto, especialistas en criminología, sociología o comunicación analizan cómo los medios narraron aquel crimen y cómo esa cobertura influyó en la percepción social de la violencia intrafamiliar.


En esos años, pocos tuvieron la oportunidad de mirarlo a los ojos. German Condotto fue uno de ellos. Su testimonio revive el detrás de escena de aquella entrevista y la tensión de enfrentarse cara a cara con un hombre que, por entonces, ya era símbolo del horror y objeto de fascinación mediática. El periodista contó acerca del miedo que sintió durante la entrevista debido al personaje simpático que simulaba ser Barrada.


Sin embargo, el caso no se reduce al chiste popular. En espacios académicos, medios de comunicación y debates sociales, la masacre de La Plata suele ser recuperada como ejemplo para pensar la violencia de género y las dinámicas de poder dentro de los hogares.

Incluso en la cultura popular y en las redes sociales, la figura de Barreda aparece de manera intermitente, ya sea como meme, referencia en programas humorísticos o comparaciones desafortunadas de figuras públicas. Esto demuestra que el impacto del caso no se limitó a los años noventa, sino que dejó huellas que atraviesan generaciones y siguen generando debates entre lo que debe ser recordado como un crimen atroz y lo que se transformó en un símbolo mediático cargado de morbo.


El caso Barreda no solo mostró la brutalidad de un femicidio múltiple, sino también la manera en que los medios y la sociedad pueden transformar el horror en espectáculo. Tres décadas después, los chistes, referencias y comentarios que aún circulan revelan la delgada línea entre la memoria y el morbo. Lo que fue una tragedia familiar terminó convirtiéndose en un fenómeno mediático que, con el tiempo, instaló la figura del femicida por encima de las historias de las víctimas.


Este tratamiento dejó al descubierto una deuda pendiente del periodismo: cómo narrar los crímenes de género sin perder la sensibilidad frente al dolor, ni ceder al atractivo del escándalo. En la cobertura del caso Barreda, muchas veces la búsqueda del impacto desplazó la reflexión, y la atención se centró más en la figura del asesino que en las vidas arrebatadas.


Hoy, el desafío sigue siendo contar sin distorsionar, informar sin exhibir, y recordar sin trivializar. Porque en la forma en que los medios representan la violencia también se define cómo una sociedad la entiende y la enfrenta.


 
 
 

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