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Pues ya llegó la fiera… ¡Margarita, La Pistolera!

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 24 oct 2024
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 11 nov 2024

Redacción: Juan Cruz García Seoane y Rodrigo Méndez

Edición: Lic. Verónica Riedel 

Margarita Di Tullio con dos de sus cuatro hijos



“Cuando aquella voz oyeron: ¡Ya estoy aquí!”


Margarita Di Tullio nació la noche del 15 de junio de 1948, hija de Antonio Di Tullio e Irene Shoinsting. Ni bien las enfermeras le comunicaron a su padre el sexo de la recién nacida, mostró su descontento de manera inmediata. Ellos esperaban que su primer hijo fuera un niño.


Durante los próximos 16 años, “Marga”, como le decía su familia, afrontó severos maltratos por parte de su padre, quien moldeó a su hija de manera tal que se convirtió en una versión de él. Le prohibía usar ropa “de mujer” y debía usar ropas holgadas o camisas viejas de su padre. También comenzó a hacer boxeo, recurso que aprovechaba para "hacer sus propios mangos", peleaba en la calle contra hombres, y cuanto más grandes eran, mayor la recompensa. 


Margarita daba sus primeros pasos dentro del mundo delictivo a la corta edad de 7 años. Pero todo cambió cuando cumplió los 10, momento en el que su padre permitió que diera sus primeros pasos. Cual Thor con su martillo mjolnir, o He-Man con su famosa Espada del Poder, Margarita tuvo en sus pequeñas y ya agrietadas manos a causa de las peleas callejeras, su primera pistola calibre 38. 


“Le fascinaban los revólveres”, recordó una fuente que prefirió mantener su nombre bajo reserva. A los 16 años, tras una pelea con su padre quien le propinó un golpe de puño y logró romperle la nariz, Margarita decidió abandonar su casa y comenzar su vida en pareja con Francisco Dionisio Moreno, oficial de la armada, de 24 años.


Pues ya llegó la fiera: ¿Pepita, la pistolera?


A partir de este momento, Margarita Graziana Di Tullio comenzó a incursionar en la noche marplatense y conocerse su faceta como copera, propietaria de bares como Neisis y proxeneta. Luego llegaría a estar involucrada falsamente como líder del grupo “Los Pepitos” en el caso José Luis Cabezas y vinculada injustamente a los asesinatos de cinco prostitutas, adjudicados a un falso asesino serial inventado por la policía y bautizado como el “Loco de la Ruta".


Según las crónicas de la época la describen como "una persona complicada, con un gran temperamento y con contactos muy fuertes y peligrosos que la cuidaban", pero muy poco se habló de su vida personal. Margarita llegó a este mundo rodeada de violencia y exigencias que la marginaron de todo lo que ella quería ser realmente: una buena vecina, una gran madre y, sobre todo, una persona con códigos y honestidad.


Así la reconocieron los vecinos aledaños a la vivienda de Di Tullio ubicada en avenida Cervantes de Saavedra y Tripulantes

del Fournier. “Era una mujer muy cariñosa y carismática, empeñada en darle una buena imagen a los vecinos”, aclaró José de 67 años y agregó que, a pesar de su fama, “nunca traía los problemas al barrio y trataba de llevarse bien con todos". La casa donde vivió Margarita, la administra uno de sus hijos, Gabriel Triviño, quien se negó a hacer declaraciones.


Silvina tiene 75 años y es la actual inquilina de la casa de dos pisos que conserva la fachada de madera de la década de los 90 cuando Margarita aun vivía allí. Silvia se refirió a Margarita como mamá: “Ella era una madre que cuidaba mucho de sus hijos. Si llegaban a faltar al colegio, los agarraba, los pasaba a buscar por donde sea que estuvieran y a escobazos o a palazos ella los hacía cursar”.


También aclaró que siempre fue "una buena madre”, al igual que "una gran persona", y que así también el barrio se lo hacía saber todos los días. 





Son mis ojos negros, los que matan de verdad


La mañana del martes 20 de agosto de 1985 fue un punto de quiebre para Margarita Di Tullio. En una escena que

pareciera dirigida por el cineasta Quentin Tarantino, la joven rubia se levantó a las 9.30 luego de haber escuchado fuertes golpes en la puerta del segundo piso de su departamento en Marcelo T. de Alvear 251. Su hija abrió la puerta y al ver que fue empujada por tres hombres que venían a reclamar una deuda, Margarita agarró su revólver 38 que guardaba abajo de su almohada. Parece que Di Tullio les debía un total de 300 dólares, y había prometido una videocasetera a Raúl Alejandro “El Tarta” Lozada, su hermano Mario Lozada y Américo Omar Córdoba. En ese momento, uno de los tres hombres la increpó, la amenazó con violarla y matar a sus niños si el dinero no aparecía. Margarita no dudó ni un segundo y disparó contra el primer hombre. Dos balazos, uno en el hombro y el otro en el pecho. El segundo hombre, atónito, no llegó siquiera a gritar, y recibió dos disparos, uno en la mano y otro más en el pecho. El tercero llegó a disparar contra Margarita que sintió un ardor en la mano y otro en la rodilla, aún así, le disparó dos veces contra el tercer hombre. Así describió Margarita la escena, 10 años después en la mesa de Mirtha Legrand, en el que explicó el momento que la sentenciaría para siempre a nivel nacional.


Pancho López, Juan Guerrero y hasta el mismo Pecos Bill casi se mueren del miedo


Luego de este hecho, el periodista del diario La Capital de Mar del Plata, Heberto Calabrese la bautizó como Pepita, la Pistolera. Margarita seguía siendo la misma mujer que 16 años antes había sido detenida por asaltar a mano armada a parejas en la costa. El sobrenombre, que Di Tullio odiaba, surgió a partir de la canción que fue furor en 1959, cantada por Ana María Cachito, que recitaba: “Pues ya llegó la fiera, Pepita la pistolera// Mis pistolas lanzan fuego // Pero son mis ojos negros los que matan de verdad // Tengo un propio cementerio, de los hombres que cayeron // Por mi forma de mirar”. 


“Es más fiera que las fieras, no hay trama pa enamorar”


A esta altura, Margarita, o mejor dicho, Pepita La Pistolera, estaba en boca de todos y cada uno de los argentinos. Para ese entonces, los medios hablaban de ella como "una mujer peligrosa, capaz de cualquier cosa". Era la personificación de lo que limitaba con la legalidad. Pero en su vida personal, tanto dentro como fuera de la cárcel, se referían a ella como “una señora con códigos ante todo”, contó el primer youtuber carcelario, Pablo La Mazmorra. Él la conoció cuando compartía cárcel con su hijo, Gabriel Triviño. Ambos formaban parte del pabellón 4 de Dolores y trabajó junto a él por varios años en la cocina de la cárcel, en donde forjó una gran amistad con Gabriel. Pablo pudo conocer a Margarita en varias visitas carcelarias, en las cuales siempre vio cómo los demás presos se acercaban a saludar "con absoluto respeto" a Di Tullio. “Digan lo que digan, a mi me importa un bledo. Cuando Pepita llegaba a las visitas que le hacía a Gabriel, era una mujer re contra respetada. La saludaban como si fuera su madre a quién le estaban hablando”, aclaró.


A su vez, afirmó que era una mujer con "un gran carisma" y que no tardó mucho tiempo en ganarse su afinidad debido a la gran amistad que compartía con su hijo. “Yo trabajaba con Gabriel en la panadería y cuando no iba a saludarla para seguir trabajando, me cagaba a pedos para que fuera a tomarme una pausa y tomar mates con ella. Era piola la doña, afirmó entre risas.


También la describió como una mujer “sencilla, práctica y determinante”, que no le daba muchas vueltas a las cosas y “se hacía lo que ella se decía”, pero no solo por una cuestión de respeto, sino porque “era siempre lo más acertado para hacer, y ella tenía ojo para eso”.


Como blanca diosa, como flor hermosa


Cuando todo parecía estar calmo para Margarita Di Tullio llegó la fatalidad. Margarita se encontraba junto a su primogénito Fabián Guillermo en la provincia de San Juan cuando sintió un extraño y repentino dolor de cabeza, seguido de una parálisis de el lado derecho de su cuerpo. Fue trasladada a Mar del Plata en avión, pero dos meses después, el 30 de noviembre de 2009, falleció a causa de un ataque cerebro vascular. En una caravana que tuvo su paso por el bar Neisis, los vecinos del puerto le rindieron homenaje.


Fue velada por sus familiares y más acérrimos amigos con canciones de Sandro y champagne cayendo arriba de su ataúd. “Así lo quiso ella”, afirmó una fuente. Mientras el ataúd bajaba para su eterno entierro, de fondo sonaba “como blanca diosa, como flor hermosa”.


Para su hijo Gabriel, ante las cámaras de TN, su madre “siempre fue una guerrera, pionera en lo que hacía y una luchadora”. Y aclaró “Yo sé lo que fue mi vieja conmigo, y con un montón de gente. Nunca fue una santa, pero tenía sus códigos”.


Una mujer arraigada a sus formas de ser, decidida, con un gran ímpetu y por sobre todo, con un carácter férreo, sumado a un respeto inigualable, Margarita solía siempre hacer comida de más para aquellos conocidos y no tanto que se acercaban a su vivienda ubicada en avenida Cervantes de Saavedra y Tripulantes del Fournier. “Ella ayudaba a gente sin vanagloriarse de ello”, concluyó su hijo Gabriel.


Di Tullio siempre que pudo, trató de vivir como Margarita, y no como Pepita.



 
 
 

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