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Robledo Puch, el ángel de la muerte: Tímido, retraído y con un rostro angelical. A sus 20 años fue autor de 11 asesinatos.

  • Foto del escritor: Tinta Joven Argentina al descubierto
    Tinta Joven Argentina al descubierto
  • 18 oct 2024
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 25 oct 2024

Redacción: José Pontaroli, Felipe Conde, Lautaro Spadavecchia y Santiago Aguilar.

Edición: Lic. Verónica Riedel

El 8 de febrero de 1972, Argentina despertó con una noticia shockeante. Carlos Eduardo Robledo Puch, también conocido como "El Ángel Negro" o “El Ángel de la Muerte”, un joven de 20 años de aspecto inocente, fue arrestado. Su captura marcó el fin de una serie de crímenes que sembraron el miedo en la zona norte de Gran Buenos Aires.


Un niño tímido y callado


Nació en Vicente López, Provincia de Buenos Aires, el 19 de enero de 1952. Su padre, Víctor Robledo Puch, fue empleado en Industrias Kaiser Argentina y en el Instituto Argentino de Promoción e Intercambio (IAPI), una entidad encargada de gestionar los ingresos de las exportaciones durante el primer mandato de Juan Domingo Perón


Aída, su madre, era alemana y emigró a Argentina poco después de la Segunda Guerra Mundial. Carlos se parecía a su madre. Era tímido y callado, lo caracterizaban sus rasgos afeminados, la belleza de su rostro, y sus cabellos enrulados. 


Tuvo una infancia aislada. Jugaba a las bolitas y a las figuritas o a la payana con los chicos del barrio. Estudió piano durante siete años, cosa que nunca le gustó. Tuvo muchas dificultades para adaptarse en el colegio, lo que lo hizo repetir de año. 


Su primer delito y su viaje a la costa


Sus padres lo inscribieron en el Instituto Cervantes de Vicente López, donde conoció a Jorge Ibáñez, su primer compañero en el crimen. Juntos comenzaron una asociación delictiva.


En septiembre de 1970 irrumpieron en una joyería de la avenida Maipú. Dos semanas más tarde robaron un taller de motocicletas. El plan era viajar hasta Mar del Plata, pero a los pocos kilómetros, la moto de Robledo se paró. Cuando Ibañez frenó para ayudarlo, los detuvo un patrullero


Presentaron documentos falsos, y aunque Robledo fue liberado bajo la promesa de regresar con los papeles de la moto, nunca lo hizo. Ibáñez pasó 18 días en la cárcel.


Robledo aprovechó para irse a Mar del Plata. Vendió las joyas que había robado y consiguió un total de 100.000 pesos. Ya en la ciudad costera, aprovechó para ir a bailar en la noche o caminar por la costa y la rambla.


Allí entabló amistad con un vecino suyo de Vicente López. Se llamaba Héctor Somoza. Ni bien regresó se lo presentó a Ibáñez, con la idea de sumarlo a los robos.


El recuerdo marplatense


Unas 15 personas fueron encuestadas en la vía pública marplatense acerca del Ángel Negro. Y si bien el recuerdo se desvanece con el tiempo, 12 dijeron que el nombres les resultaba familiar, pero solo la mitad eran conocedoras del caso. Muchos lo confundieron con otros asesinos contemporáneos, y otros inmediatamente lo reconocieron gracias al film “El Ángel” de Luis Ortega 


María de los Ángeles es oriunda de Villa Adelina, localidad donde Robledo Puch pasó su infancia. Ella ya era adolescente en esa época y contó que veía a una vecina de su barrio jugar con Carlitos.


María recordó el juicio y sostuvo que no podía creer lo que había hecho "ese niño de Villa Adelina". Años después, vio un documental y seguía asombrada por "lo psicópata que se había vuelto Puch". 


Alfredo trabaja de pochoclero, vivió en Capital Federal en la época que se llevó a cabo el juicio, y dijo que lo que más le impactó del caso fue que "el ángel haya matado al sereno con tanta frialdad, al igual que a su compañero".


Un joven que es alumno del nivel secundario del colegio Quilmes contó que vio la película y rápidamente reconoció el nombre de Robledo Puch. El estudiante remarcó "la apatía" que tenía el ángel para cometer todos los crímenes. 



Los 11 asesinatos de Robledo Puch


El 15 de marzo de 1971: Robledo Puch e Ibáñez asesinaron a tiros a Manuel Godoy, sereno de un boliche en Olivos, y a Pedro Mastronardi, el encargado, mientras dormían.

El 3 de mayo de 1971: Mataron a José Bianchi, sereno de una tienda de repuestos en Vicente López, e hirieron y violaron a su esposa.

El 24 de mayo de 1971: Acribillaron a balazos a Juan Scattone, sereno del supermercado Casa Tía en Olivos, y brindaron con whisky sobre su cuerpo.

El 13 de junio de 1971: Secuestraron, violaron y asesinaron a Virginia Rodríguez, abandonando su cuerpo cerca de la carretera Panamericana.

El 24 de junio de 1971: Secuestraron a Ana María Dinardo a la salida de un boliche en Olivos, la violaron y mataron en el mismo sitio donde asesinaron a Rodríguez.

El 5 de agosto de 1971: Jorge Ibáñez murió en un accidente automovilístico en el que también estuvo involucrado Robledo Puch.

El 15 de noviembre de 1971: Robledo y su nuevo cómplice, Héctor Somoza, asesinaron a Raúl Del Bene, guardia de un supermercado en Boulogne.

El 17 de noviembre de 1971: Acribillaron a Juan Rozas, vigilante de una concesionaria de autos.

El 25 de noviembre de 1971: Mataron a Bienvenido Ferrini, sereno de una agencia automotriz.

El 3 de febrero de 1972: Ejecutaron a Manuel Acevedo en una ferretería. Ese mismo día, tras una pelea, Robledo asesinó a Somoza de dos disparos, quemándole luego las huellas dactilares y el rostro con un soplete para evitar su identificación.


Un error fatídico


El 3 de febrero de 1972, Héctor Somoza le propuso a Robledo Puch robar una ferretería en Carupá. Al entrar al local, se toparon con el portero, Manuel Acevedo, a quien encerraron en una habitación. Minutos después, Robledo abrió la puerta y le disparó dos veces en la cabeza, acabando con su vida. Los asaltantes comenzaron entonces a abrir la caja fuerte.


Sin embargo, lo que sucedió después cambiaría el destino de Robledo para siempre. En medio del robo, Somoza le pidió que terminara de abrir la caja. Mientras Robledo trabajaba, Somoza lo tomó por la espalda en un gesto que nunca quedó del todo claro. Según la versión de Robledo, Somoza lo atacó, por lo que lo empujó al suelo y le disparó dos veces, primero en la espalda y luego en el rostro. Después, quemó las manos y el rostro de su cómplice con un soplete, intentando borrar su identidad, pero cometió un error: no revisó los bolsillos, y allí quedó su cédula de identidad.


La policía encontró los cuerpos, y a pesar de que el rostro del joven había sido desfigurado, pudieron identificarlo gracias al documento que llevaba encima. Esto los llevó a la casa de Somoza, donde su madre mencionó a un chico rubio, llamado Carlos Eduardo Robledo Puch


El 4 de febrero de 1972, con tan solo 20 años, Robledo Puch fue detenido y llevado a la comisaría 1ª de Tigre, perdiendo así su libertad para siempre.


Juicio y condena


El juicio por los crímenes de Carlos Eduardo Robledo Puch no tuvo lugar hasta 1980. Para entonces, el asesino tenía 28 años.  El proceso se extendió por cuatro meses y contó con la participación de 92 testigos. Dora de Bianchi, la única sobreviviente, no declaró por problemas de salud.


Previo al juicio fue necesario realizar un perfil psicológico de Robledo, tarea que recayó en el médico legista y

forense Osvaldo Raffo, convocado por la fiscalía. 


Su objetivo era determinar si el acusado estaba mentalmente sano o si presentaba trastornos que pudieran derivar en su internación en un psiquiátrico, en lugar de una condena en prisión. 


Raffo y Robledo Puch se reunieron 25 veces durante dos meses, en sesiones que duraban hasta cinco horas. El diagnóstico de Raffo fue clave para la sentencia: concluyó que Robledo Puch era un psicópata, aún capaz de matar y, por lo tanto, representaba un peligro para la sociedad.


En El ángel negro”, libro que hace las veces de biografía, Rodolfo Palacios  contiene la opinión de Puch: “Raffo mintió y se hizo famoso a costas mías. Se hacía el sabio sólo por citar frases de psiquiatras famosos. Me sentenció. Dijo que era un psicópata maldito, pero el psicópata es él”.


El caso de Robledo Puch sigue fascinando y perturbando a la sociedad argentina. Su perfil criminal, su falta de remordimiento y su apariencia angelical lo han convertido en un personaje legendario, símbolo de la oscuridad que puede esconderse detrás de la máscara de inocencia.


El perfil psicológico de Carlos Robledo Puch es el de un psicópata, antisocial, peligroso y perverso. Sus crímenes brutales y su falta de empatía lo convierten en uno de los asesinos seriales más temidos de la historia argentina. A pesar de haber cumplido más de 50 años en prisión, su psicopatía lo hace un individuo peligroso y su libertad condicional sigue siendo motivo de debate.


Robledo Puch fue condenado a cadena perpetua en 1980 por once homicidios, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, dos raptos y dos hurtos. Desde entonces, cumple su condena en el penal de Sierra Chica. A pesar de haber solicitado la libertad condicional en varias oportunidades, le ha sido denegada en todas las ocasiones. Incluso ha llegado a pedir la pena de muerte como alternativa, alegando que no soporta más el encierro.





 
 
 

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